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Un logline es tu historia entera en una o dos frases: quién quiere qué y qué se interpone. Es lo primero que ve un productor, un agente o el lector de un concurso, y a menudo lo único que leen antes de decidir si siguen leyendo.
También es un diagnóstico. Si no consigues escribir un logline limpio, rara vez es un problema de redacción: casi siempre es un problema de historia. Un logline turbio significa que el objetivo, el obstáculo o lo que está en juego tampoco están nítidos todavía en la página.
Todo logline que funciona carga con cuatro cosas: un PROTAGONISTA (descrito, no nombrado: «un conductor de fugas quemado», no «Frank»), un OBJETIVO (concreto y visible, algo que se pueda filmar), un OBSTÁCULO (la fuerza que empuja en contra) y LO QUE ESTÁ EN JUEGO (qué pasa si fracasa).
El armado clásico: Cuando [incidente incitador], un [protagonista con un defecto] debe [objetivo] antes de [plazo o amenaza], o [consecuencia]. No conservarás ese andamiaje en la versión final, pero si alguna casilla queda vacía, la historia que hay debajo tiene un hueco ahí.
Nombrar a los personajes: un nombre no le dice nada a un desconocido; una descripción («una niña prodigio del ajedrez caída en desgracia») carga carácter en cuatro palabras. Objetivos vagos: «debe enfrentarse a su pasado» no es filmable; «debe volver a la isla donde se ahogó su hermana» sí. Amontonar trama: un logline es la columna vertebral, no la sinopsis; un protagonista, un objetivo, un motor.
El error más sutil: falta de ironía. Los mejores loglines llevan una colisión incorporada: un socorrista con miedo al agua, un sicario al que le queda un día para jubilarse. Si tu logline suena plano, busca la tensión entre quién es tu protagonista y lo que la historia lo obliga a hacer.
Léelo en voz alta a alguien que no sepa nada de tu historia y pregúntale de qué va la película. Si su respuesta no coincide con la tuya, el logline tiene una fuga. Reescribe hasta que el resumen de un desconocido y tu intención converjan.
Después, corta. Treinta y cinco palabras es un buen techo; veinticinco es mejor. Cada adjetivo tiene que pelear por su asiento.
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